21 Apostillas Sobre El Bafici.

1) Los porteños son unos quejicas. Ni las colas son tan largas, ni las entradas se agotan tan rápido, ni la careteada es tanta, ni es inabarcable (a menos que seas un enfermo que funciona con la lógica del coleccionista de figuritas)

2) Por momentos los subtituladores parecían monos entrenados. A veces, para divertirme mientras espero el colectivo, me gusta inventar el monólogo de Mick Jagger en “Tonite Let’s All Make Love In London”.

3) Hay que ver más cine coreano de gangsters. Al principio de “A Dirty Carnival”, yo pensaba que la ausencia de armas de fuego la haría aburrida. Hasta que llegó esa increíble escena de ¿10 minutos? que parecía reproducida de un mega Street Fighter. Patadas voladoras, bates de baseball y cuchillos.

4) John Cameron Mitchell es un puto genio. Por algún motivo fui a ver Shortbus con cierto recelo, esperando quizás otra película sobre sexo retorcida y angustiante. Y salí del cine feliz, pensando que la gente en la calle parecía más buena. Logra lo indecible: filmar una película sobre disfunciones sexuales, que incluye escenas de sexo no fingidas y no caer en lo shockeante, lo culposo o lo sórdido. Además de conseguir una representación absolutamente natural y sincera de todas las orientaciones sexuales, sin atisbos de exageración o lugar común, con personajes que respiran y viven y se sienten reales, como que podrían vivir en la esquina de tu casa. Y encima tiene una música hermosa y grandes diálogos. Y en ningún momento utiliza todas estas chapas identitarias más que para construir una historia bellísima.


(Shortbus – Trailer)

5) Los documentales sobre leprosos coreanos no son recomendables.

6) Tampoco aquellos que tratan sobre jóvenes mexicanos con dinero y tristeza que viajan a la India.

7) John Waters sigue siendo uno de los más grandes. Da gusto ver gente que envejece con esa clase, ese sentido común y ese humor corrosivo como caramelo “Puajjj”. Yo si me sentaría a su lado en un cine a ver una película para niños.


(John Waters – No Smoking)

8) A Reginald Harkema le pongo unas fichas, aunque solo ví “A Girl Is A Girl”, un tanto primeriza historia de “muchacho y sus novias contada con música hip”. Aunque un par de años antes que High Fidelity y muy bien llevada. Logra ser original en un terreno muchas veces recorrido. La escena en la que hablan con las tapas de los discos es completamente geek y por lo tanto cercana a nuestro corazón. We approve!. Si alguien posee un medio para hacerse con “Better Off In Bed” y “Monkey Warfare” que me lo haga saber.

9) Luc Moullet era mi otro director a descubrir. Solo ví “Une Adventure de Billy The Kid” y fue divertido como inyectarse poción mágica de Asterix. Ya desde el nombre me remitía a cierto comic francobelga de aventuras y humor (“Una aventura de Spirou y Fantasio”). Un western psicodélico que funciona con la lógica del comic absurdo, casi slapstick. Como el lado b de “El Topo”. Con una banda sonido que parece compuesta por Syd Barret. Y Jean Pierre Leaud haciendo de un Billy The Kid patoso y bufonesco.

10) No hay que ver películas psicodélicas en la función de trasnoche.

11) Que bonito cine es el Atlas Santa Fe. Y el mejor lugar para sentarse en la sala 1 es en cualquiera de las filas laterales, atrás de las entradas del costado, lugar marcado por unas especies de barandas de metal.

12) “Copacabana” es fascinante. Un documental sin tesis, completamente rejtmaniano, donde la cámara funciona como un ojo que capta la repetición y, como en toda película de Rejtman, ciertos tonos del absurdo cotidiano. Planos fijos sin narración en donde es fascinante ver lo hipnóticos que se pueden volver los bailes en honor a Santa Copacabana.

13) “Old Joy” es la otra película (además de “Shortbus”) que me da cierta fe en el indie norteamericano. Una viñeta mínima, motivo suficiente por el que se podría caer fácilmente en la abulia y la inacción, pero que logra contar una de esas historias sutiles e inasibles que parecen desvanecerse apenas la terminas de ver y en la que los personajes se revelan mas en sus detalles que en escenas grandilocuentes. Como un cuento de Carver. Y tiene una frase increíble: “Sorrow is nothing but worn out joy”.

14) Lo lindo del Hoyts es ese truquito mediante el cual, si haces maratón pelicular, una entrada vale por dos.

15) Ver “La Chinoise” hoy en día es tragicómico. Divertidísimo ver lo despiadado que es Godard con las juventudes izquierdistas francesas, triste pensar que tantos militantes universitarios actuales son aun mas ridículos y extremos pero con un cuarto del estilo y un décimo de la comprensión.

(Trailer de «La Chinoise»).

16) “VHS Kalouchka” y “Sueños De Polvoron” son dos documentales que celebran gestas casi imposibles, maneras tan deformes y personales de acercarse a un arte que se pensarían completamente inviables. Pero en ese delirio capturan tal pasión desenfrenada en sus personajes que nos emocionan hasta la médula. A uno siempre le queda la sensación, apenas velada, de que son como cualquiera de nosotros, solo que con esa barrera que nos impide emprender nuestros proyectos delirantes destruida por completo.

17) Fernando Martín Peña tiene barba papapitufesca.

18) ¿Hay nuevo cine europeo?. ¿Por qué las dos películas que vi (“Falkenberg Farewell” y “Falling”) parecían especiales de Hallmark habladas en idiomas exóticos?

19) “El documental es de autor o no es” me decía un amigo. Lo curioso de “Instrument” y “Building A Broken Mousetrap” es como revelan la autoría de Jem Cohen no tanto mediante sus marcas de estilo mas obvias (esas filmaciones de ciudades, autos que pasan, gente que camina, obras en construcción: la poesía urbana) sino en la intensidad con la que transmiten una cierta visión de la música como una energía poderosísima, capaz de darnos la fuerza para vivir en mundos mejores.

Fugazi – Glueman (Dirigido por Jem Cohen).

20) Me sentía tentado a batirme a duelo con todos los idiotas que hablaban mal de Christopher Guest. “For Your Consideration” es otra prueba mas del increíble talento de ese tipo y su grupo de actores. Es extraordinario como utiliza las distintas capas de ficcionalidad, los shows dentro del show (en los que pareciera que nadie se preocupa por lo que el otro tiene para decir) para entregarnos otra historia sobre perdedores hermosos, gente ilusionada por maquinarias que siempre terminan aplastándolos. La escena final, por añadidura, es de lo más creepy que vi en muchísimo tiempo y te hace sentir realmente mal, al mismo tiempo que te matas de risa.

21) En definitiva, todos deberíamos volver a ver “Matinee” de Joe Dante.


Ayer en películas

Sí, este es un post sobre películas que vi ayer. Dos películas, la primera con interés, la alquilé, y la otra sin ningún interés, estaba empezando y no tenía ganas de levantarme de la cama y dejar de ver tele.

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La llegada del posmodernismo al cine mainstream americano de los 90s post-tarantinescos contó entre los vicios que acarriaba el de confundir velocidad visual o velocidad de montaje con velocidad narrativa. La idea de que si uno hace 15 cortes en 15 segundos y la cámara se mueve a una velocidad que da náuseas es porque muchas cosas deben estar pasando a una velocidad vertiginosa, pero la náusea provocada por la cámara es muy diferente al vertigo producido por la narración. De entre todos los directores aquejados por este mal, el mejor ejemplo tiene que ser Darren Aronofsky.

Aunque Pi es una película más que aceptable sufre de este problema. No lo esperaba después de todos los buenos comentarios que había escuchado pero hay que decir que una de las características más notables de este mal es que se propaga fácilmente no solo entre realizadores sino también entre muchos espectadores que después de un tiempo tampoco son capaces de ver la diferencia entre ambas velocidades, la de montaje y la narrativa. En realidad aunque mis esperanzas iban en contra tampoco me sorprendió. Después de todo este problema que aparece como una molestia en Pi es la única e insustancial base de la repugnante Requiem para un sueño, segunda película de Aronofsky en comparación con la cual Pi es una obra maestra inmejorable. Al menos en el caso de Pi no la destruye totalmente, en Requiem… en cambio, había descartó una historia interesante o una narración agil y los cambió por un montón de recursos pseudo-cool y modernos que volvían la película inmirable y no sumaban absolutamente nada a la lentitud general de la película. En Pi sí hay una historia y sí pasan cosas, solo que no alcanza. Si se le restan a la película las escenas de «alta vertiginosidad» y las explicaciones matemáticas que interrumpen la narración en vez de hacerla avanzar la acción narrativa verdadera se acerca peligrosamente a cero. La película termina siendo un pastiche que suma cine indie, bajo presupuesto, atmósfera claustrofóbica, protagonista obsesivo/paranoico perdiendo la razón y matemáticas for dummies y al final el todo da un poco menos que la suma de las partes.

Y por cierto, aunque creo que debo ser el único que se va a quejar de esto, hay muy pocas matemáticas. En una película que se llama Pi uno espera matemáticas de verdad y no alguna explicación superficial del número aúreo y la secuencia de Fibonacci que cualquier mínimamente interesado podría dar por él mismo. ¿Y por qué se llama Pi si la dichosa constante no es mencionada nunca? ¿No debería llamarse Phi ya que de lo único que hablan es de eso? Creo que me parecía una mejor película antes de empezar a escribir.

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No, no es nada original. La historia de un ladies man atravesando su midlife crisis que se da cuenta de que el tiempo pasa y se está quedando solo y aprende su lección de la forma más dura dejando embarazada a la novia de su mejor amigo y siendo tratado por una mujer de la misma forma que él siempre había tratado a las mujeres ante lo cual tiene una epifanía y ve que todo lo que hizo, todo lo que no hizo por todas las mujeres que se preocuparon por él, todo el amor que nunca correspondió, todos los engaños, todas las mentiras lo llevaron a ser lo que es hoy y que la libertad de ir adonde quieras y hacer lo que quieras no vale mucho cuando no tenés nada para hacer ni ningún lugar a donde ir. No, esa película ya la vimos todos un millón de veces. ¿Eso es todo lo que hay? No me interesa. Si hasta se cruza con una versión vieja de él mismo para ver un poco más claro todavía el desastre que está haciendo con su vida, para subrayar un poco más el infinitamente subrayado y remarcado mensaje de la película. Claro que tiene la excusa de ser una remake de una película de 66, pero no sirve del todo porque igual alguien decidió hacer esta película ahora. En realidad le juega en contra porque aunque no vi la Alfie original estoy seguro de que debe ser muchísimo mejor al menos por el solo hecho de tener al gran Michael Caine al frente lo cual no puede menos que generar comparaciones y hacer que uno se pregunte a quien carajo se le ocurrió que el nabo de Jude Law podía estar al nivel o tener al menos una milésima parte del carisma de Caine. Además, es muy diferente hacer una película tan puritana sobre las catastróficas consecuencias de una vida promiscua en los 60s, en pleno swinging London, que sería un equivalente cinematográfico a los Kinks sacando un disco como The Kinks are The Village Green Preservation Society y otra muy diferente es hacerla ahora en tiempos en los que el neo-puritanismo está en mejor estado que nunca. Saquen sus propias conclusiones.

De cualquier forma, voy a remarcar dos méritos de la película, aunque uno ya le pertenecía a la original, lo que me deja con la misma sensación ambigua que me dejó V for Vendetta de saber que todo lo bueno es gracias al original pero todo lo malo es mérito propio (o sea que lo único bueno es bueno a pesar de la película y no gracias a ella). El primero, que no tenga final feliz. Para nada, todo lo contrario. Y esto es igual a la original pero al menos tuvieron la decencia de no cambiárselo y hacer que se quede con la chica y sea feliz para siempre. Un punto a favor. El segundo, haber dejado en manos de Mick Jagger la banda de sonido. Y claro que es el Mick Jagger de ahora y las canciones no se defenderían fuera del entorno de la película funcionando como score y gracias, pero aún así Mick prueba que siempre fue el mejor (o el único) que puede reflejar musicalmente esa mezcla de exhaltación hedonista, lujuria y angustia que intenta transmitir la película. Punto para Mick Jagger más que para la película.


Sin haber revisado realmente el programa del Festival de Mar del Plata (no es muy interesante revisar el programa de un festival al que no vas a ir) y sin importarme que más haya, estoy convencido de que la mejor razón para ir tiene que ser Princess de Anders Morgenthaler.

La historia es la de un ex-cura que sale junto con su sobrina a vengar la muerte de su hermana actriz porno. La película es aparentemente una dura crítica a la industria pornográfica. “Para disfrutar de una película pornográfica uno debe ser idiota, o al menos abstraer el hecho de que esa gente en la pantalla son personas reales” dice Morgenthaler. A Amadeo le parece medio pelotudo por criticar a la pornografía, a Quese y a mi no. Ya volveremos a hablar del tema.

Junto con esta película también se va a ver su corto Araki – The Killing of a Japanese Photographer, que comparte temática con Princess pero está dedicado al fotógrafo japonés Nobuyoshi Araki. Esperemos que algo de esto llegue al BAFICI que en los últimos años viene bien en materia de animación (aunque todavía espero retrospectiva de los hermanos Quay).

Ah, y si el apellido de este muchacho les suena conocido debe ser porque lo conocen como la mitad de esto.


The Lurker In The Dark.

Hará una semana vi “Zodiac” de David Fincher, después de mucho tiempo y muchas recomendaciones. La película, para hacerla corta, me pareció excelente. Es lo mejor que de Fincher, sin lugar a dudas. Los meritos de la película son varios, pero me parece que nos podemos concentrar en dos cosas: en primer lugar, en los personajes. Los 3 protagonistas son enormes personajes, muy bien delineados. Si bien a Donnie Darko se le va un poco la mano con los manierismos de tipo nervioso (cosa que a mí no me molestó tanto, creo que es en lo mejor en lo que actuó desde la película del conejo perturbador), los otros dos están excelentes. Obviamente no podíamos esperar menos del GRAN Robert Downey Jr., uno de esos actores únicos, como Christopher Walken, que transforman cualquier película en la que actúan. Automáticamente deja de ser “buena” o “mala” para pasar a ser “una película con Christopher Walken”. O con Robert Downey Jr.
La otra sorpresa es Mark Ruffalo, que logra un policía que al mismo tiempo parece una reminiscencia de aquellos duros vigilantes de los 70 (hasta lo comparan con Bullitt, por dios!) pero con enormes toques de humor y una buena dosis de autoconciencia. Combina afabilidad y detalles humanizantes con una plena conciencia de que en cualquier momento te puede partir un brazo.
Pero es el segundo elemento el más interesante y tiene que ver con la manera en que pinta al mal: como un agujero negro por el que los protagonistas se pierden. Lo mejor del film es que el mal no tiene cara, que las pistas se acumulan, formando pilas y pilas y pilas de papel inservible, incriminando a uno y a otro, pero jamás resolviéndose. La tesis, muy similar a la de “The Thing”, es que el mal es multiforme, que nos rodea, que podría ser cualquiera de nosotros y que la búsqueda de justicia es algo fútil en este mundo.
Al mismo tiempo, al centrarse en un caso sin solución, un asesino serial sin cara, la película lo eleva, lo transforma, volviéndolo el arquetipo del “cuco”, del “hombre de la bolsa”. El Zodiaco es casi sobrenatural, una presencia siempre ominosa pero nunca descubierta. Y hay un elemento que demuestra la genialidad de Fincher: el uso de la canción “Hurdy Gurdy Man” de Donovan al final de la película. A pesar de haberla escuchado miles de veces antes de ver “Zodiac”, hoy por hoy puedo decir con seguridad que me va a costar horrores no pensarla como un elemento fundamental de la película.
Porque funciona tan bien. “Hurdy Gurdy Man” es una canción hippie, completamente. Incluida en un disco compuesto por Donovan poco después de volver a la India (acompañado, entre otros, por los Beatles y Mike Love), como gran parte de la obra del pequeño escocés en los 60 es uno de esos himnos al amor, las flores, el pelo largo y todas esas boludeces.
Ahora bien, yo detesto al hippismo, pero con Donovan nunca tuve problemas. ¿Porque? Creo que es porque lo que para mi constituye la base de la música de Donovan tiene mas que ver con una tradición pastoral, infantil, de cuento de hadas inglés que con un verdadero apego al flower power (chequeen el sublime “H.M.S. Donovan”* para entender de lo que estoy hablando). Si bien es parte del zeitgeist, muy felizmente, yo siento que su música esta filtrada por una óptica literata y (a falta de mejor palabra) whimsical que lo emparenta más con gente como Lewis Carroll y J.M. Barrie que con, no se, Jefferson Airplane.

La genialidad de Finch reside en entender perfectamente esta aura y darla vuelta. Donde antes el Hurdy Gurdy Man era o un personaje de cuentos infantiles que trae caramelos y felicidad o un guru misterioso que trae ácido y felicidad (que es mas o menos lo mismo, si lo piensan), en el contexto de Zodiaco es El Cuco, el hombre malo que sale de la oscuridad y te dispara en el cuello con pistola y silenciador. Esa inversión que realiza Fincher es aun más terrorífica porque los asesinatos comienzan justo cuando el verano del amor estaba llegando a su fin. Y justamente en San Francisco. El Zodiaco también es un producto de los 60, el resabio, el aborto oscuro de una época que se suponía destinada a la gloria. Un virus mucho mejor adaptado al mundo que los sueños de amor libre y felicidad y que por lo tanto resiste en esa década de esperanzas destrozadas que son los 70.
Es la materia de la que están hechos nuestros sueños convertida en una cabeza dada vuelta, piernas tentaculares y ojos alienígenos saliendo del cuello. Y creo que el impacto de esa canción al final de “Zodiac” va a perseguirme por siempre.

***

Thrown like a star in my vast sleep
I’m opening my eyes to take a peep

To find that I was by the sea
Gazing with tranquility

‘Twas then when the hurdy gurdy man
Came singing songs of love

Then when the hurdy gurdy man

Came singing songs of love

Hurdy gurdy, hurdy gurdy, hurdy gurdy gurdy he sang
Hurdy gurdy, hurdy gurdy, hurdy gurdy gurdy he sang

Hurdy gurdy, hurdy gurdy, hurdy gurdy gurdy he sang

Histories of ages past
Unenlightened shadows cast

Down through all eternity

The crying of humanity

‘Tis then when the hurdy gurdy man
Comes singing songs of love

Then when the hurdy gurdy man

Comes singing songs of love

Hurdy gurdy, hurdy gurdy, hurdy gurdy gurdy he sang
Hurdy gurdy, hurdy gurdy, hurdy gurdy, hurdy gurdy hurdy gurd

Hurdy gurdy, hurdy gurdy, hurdy gurdy gurdy he sang

Hurdy gurdy, hurdy gurdy, hurdy gurdy gurdy he sang

Here comes the roly-poly man
He’s singing songs of love

Roly poly, roly poly, roly poly poly he sang

Hurdy gurdy, hurdy gurdy, hurdy gurdy gurdy he sang

Hurdy gurdy, hurdy gurdy, hurdy gurdy gurdy he sang
Roly poly, roly poly, roly poly poly he sang

***

Sin embargo, ya existe un gemelo deforme de “Hurdy Gurdy Man”: el cover de los Butthole Surfers. Si bien no cuenta con el nivel de malignidad en el que la recontextualización de Fincher coloca a la canción, en la gloriosa tradición de los B.S. logran hacerla sonar como una canción del infierno, como la versión lisiada, con quemaduras de tercer grado del original.
Lo logran con muy pocos elementos. Básicamente lo que hacen es amplificar al mango las propiedades psicodélicas inherentes en la composición, pasando la voz en reverso de manera que quede como una especie de balbuceo estuporoso y utilizando las guitarras como largos, larguísimos, lamentos producidos por un vagabundo en ácido. Todas esas propiedades están en la canción original, que tiene un componente de repetición y drone muy grande, pero en manos de los Buttholes, esos adorables freaks (los verdaderos fearless freaks son ellos, no los maricas de los Flaming Lips), la canción se transforma a su imagen y semejanza. Esto es: fea, amenazadora, ligeramente inquietante y siempre, siempre, proviniendo de un lugar lleno de niebla en el que pulula un grupo de locos escapados de un manicomio.
Es una versión fabulosa porque es un espejo oscuro, porque toma todo lo que era bueno en la canción y lo vuelve payasesco. Pero payasesco a la manera de los Surfers, lo cual quiere decir que en cualquier momento podemos tener una nariz de goma en fuego o unos pantalones gigantes manchados de sangre.
Creo que lo mas genial de la versión (que acá hago sonar como mas maligna de lo que en realidad es, pero los texanos locos siempre supieron ponerle muchísimo humor a sus veladas amenazas) es el oscurecimiento de la voz. Si leen la letra van a ver que es casi una idiotez, un compendio de optimismo y sol. Al volver la letra incomprensible los Surfers nos dicen que el optimismo, el sol, la bondad, el amor, son cosas pantanosas en el mejor de los casos, oscurecidas por las nubes, por la mancha negra que es la humanidad y la locura, que se extiende como brea impidiendo la comunicación. Y que todo esto puede residir en los lugares más insospechados, en la noche, producto de nuestros sueños, esperando oculto para saltarnos por la espalda como un duende de colmillos afilados.

Donovan – Hurdy Gurdy Man
Butthole Surfers – Hurdy Gurdy Man

(*Fé de erratas: puse «A Gift From A Flower To A Garden» cuando en realidad pensaba en «H.M.S. Donovan», disco precioso e increíble de canciones infantiles, en el que se da el gusto de ponerle música a gente como Carroll, Lear y Yeats. Búsquenlo porque vale MUCHO la pena.)